La Revolución Enfermera

para los que quieren cambiar el mundo con sus cuidados 

«Cuidamos por lo que somos, no por lo que hacemos»

Elvira Cobas

Las promesas se cumplen

¿Eres de los que te implicas hasta el final con los resultados de sus pacientes?  ¿O de los que se conforman con aquello de no fue mi culpa e hice todo lo que pude con los recursos que había en el sistema?.

Cuando el paciente sufre porque no llegaste o no tuviste más tiempo para dedicarle siempre es tu culpa.

Al aceptarlo como paciente le prometiste implícitamente que cuidarías de él, le hiciste sentir que en tus manos estaría bien. Y él, a cambio, te dejó traspasar su vida, su espacio, su intimidad, su cuerpo, su piel. Confió en ti porque tú le dijiste que eras «su» enfermero.

Cuando lo aceptaste como paciente, le prometiste cuidar de él y

las promesas se cumplen ¡siempre! 

¿Cuántas veces quisiste dar más a tus pacientes y no se pudo?

Estoy segura de que te has sentido muchas veces imposibilitado para brindar todos los cuidados que sabes que tu paciente necesita.

Lo palías entonces con un esfuerzo extra de tu parte. Unas veces físico. Otras emocional. Intentando no llevarte a casa el remordimiento del paciente que pasó una mala noche, que sufrió dolor. Sin que puedas asegurar que no fue porque no llegaste a tiempo, con la carga de trabajo que tenías.

Ninguna persona que ponga la mayor parte de su vida al servicio de ayudar a los demás, debería llegar nunca a casa y sentirse culpable. Culpable de no hacer más de lo humanamente posible.

¿Todavía albergas el sueño de ser aquel enfermero?

Un hombre sin visión no tiene futuro. Pero un enfermero sin visión está abocado a la depresión y al fracaso. Al sometimiento, a la resignación y a la resistencia. A ese estado de incongruencia y de congelación emocional en el que habitan muchos enfermeros.

¿Eres el enfermero que soñabas ser?

 ¿Cuáles son hoy tus sueños? 

Aún estás a tiempo de tener un sueño

Si llevas muchos años en activo te preguntarás qué es eso. Te dirás aquello de, pero si yo no tengo ningún sueño. Nada me motiva de ésto que hay ahora.

Si no puedes sentirlo, tienes un maravilloso reto ante ti: el de recuperar al enfermero vocacional y apasionado que alguna vez hubo en ti y, que probablemente, lleva muchos años en las mazmorras de tu alma.

Todavía estás a tiempo de tener un sueño. Un futuro que perseguir a la medida de quien has venido a ser. Y no de quien te dijeron que tenías que ser.

Si eres capaz de enorgullecerte por ser uno de aquellos en quienes se sembró la relación de ayuda, si reconoces que en ti hay un ayudador nato y que tu vocación natural es mejorar la vida de los demás, necesitarás una herramienta a la altura del don que has recibido.

¡REVOLUCIONA TUS CUIDADOS! 

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